Los coches de caballos ya no existen, y conviene saber por qué.
No. La Alcaldía los prohibió en el centro histórico con el Decreto 2296 de 2025, con efecto desde el 29 de diciembre de ese año, y los sustituyó por hasta 62 carrozas eléctricas que son propiedad del Distrito y no de los cocheros. En septiembre de 2026 la Corte Constitucional fue más allá y declaró inexequible el uso de animales para halar vehículos turísticos en todo el país, con seis meses de plazo para sustituir y reubicar. Si alguien te ofrece un paseo en coche de caballos, te está vendiendo algo que ya no es legal. El gremio de cocheros perdió su oficio en el camino y pidió una transición que dice que no tuvo: no es un asunto cerrado, es un asunto reciente.
El centro histórico tiene un decreto detrás, y se nota de noche.
Cartagena arrastra un problema documentado de explotación sexual asociada al turismo, y la respuesta de la ciudad fue el Decreto 003 de 2024, el llamado Plan Titán: restricción de circulación de menores de 16 años en el centro histórico después de las ocho de la noche, suspensión del ejercicio y la promoción de la prostitución en el espacio público de la zona, y cierre de establecimientos. Desde entonces se han clausurado locales en operativos, y la Alcaldía discute una zona regulada para adultos dentro del nuevo plan de ordenamiento. La Ley 1336 de 2009 castiga el turismo sexual con menores. Para ti esto significa dos cosas: que lo que te van a ofrecer en la calle de noche tiene un contexto que no es folclórico, y que no te decimos que no salgas, te decimos que sepas qué estás mirando y con qué estarías colaborando.
La pruebita de masaje en la playa se cobra.
Es el abuso más repetido de la ciudad y lleva años documentado en prensa: te ofrecen una prueba de masaje, unas trenzas o un coctel, lo hacen sin que medie precio y después reclaman cifras de cientos de miles de pesos, a veces con acompañamiento hasta el cajero. Hay casos de 2018, de 2023 y de 2026, y desde 2016 las masajistas están obligadas a mostrar lista de precios. La regla práctica es sencilla: nada empieza sin que te digan el precio, no se acepta ninguna prueba, y un no gracias dicho una vez mientras sigues caminando es suficiente. Si ya pasó, se denuncia: el canal digital de la Alcaldía ha funcionado en estos casos.
En las islas te cobran tres veces, y está bien que lo sepas antes.
El precio que te dan por teléfono casi nunca es el total. Van por separado la lancha o el pasadía, la tasa de uso de muelle que se paga en el embarcadero el mismo día, y la entrada al Parque Nacional Corales del Rosario y San Bernardo, que en 2026 está en 13.500 pesos por persona para el área protegida y 11.000 en el sector de San Bernardo. Las tasas de muelle que circulan oscilan bastante según el operador y el embarcadero, así que no damos una cifra única: lo que sí funciona es pedir por escrito qué incluye y llevar efectivo en pesos para lo que falte.
La propina es voluntaria y te la tienen que preguntar.
No. La Ley 1935 de 2018 dice que la propina sugerida no puede pasar del 10% del valor del servicio sin impuestos y que solo se incluye en la cuenta con tu aceptación: quien te atiende tiene que preguntarte si la quieres incluida y por cuánto. Incluirla sin preguntar es sancionable por la Superintendencia de Industria y Comercio. Aparte va el impuesto al consumo, el 8% que cobran los restaurantes en vez de IVA. Si te traen la cuenta con el 10% ya puesto y nadie te preguntó, puedes pedir que lo quiten.
El agua del grifo, según a quién preguntes.
La empresa de acueducto, Acuacar, sostiene que sí: dice cumplir la norma sanitaria colombiana, publica sus certificados y su índice de riesgo está en la categoría sin riesgo, la mejor de la escala. Las guías para viajeros sostienen lo contrario y apuntan al origen del agua, el Canal del Dique. Es un caso en el que la fuente oficial es la propia empresa y el contrapunto no es técnico, así que no vamos a decidirlo aquí: si tienes el estómago sensible o vienes de un viaje largo, agua embotellada y sin hielo los primeros días, y así el asunto deja de importar.
El calor no baja por la noche ni en enero.
No hay temporada fresca. Son treinta y tantos grados con humedad alta todo el año, y de noche baja poco: el alivio llega con el viento del noreste de enero a marzo, no con el mes. Eso cambia el itinerario más de lo que la gente espera: de doce a cuatro de la tarde el centro histórico no se camina, y los planes se parten en mañana temprano y tarde desde las cinco. Lino y algodón, sombrero, una camisa de manga larga fina para el sol, y zapato cómodo para calle de piedra. En el centro no hace falta nada de abrigo; en los restaurantes con aire acondicionado, a veces sí.