Cartagena

Guía Calma · Bolívar, Colombia

Cartagena

Dentro de la muralla te lo venden todo. La ciudad está en Getsemaní y en Bazurto.

Revisada en · 11 min de lectura

Por qué aquí

Es una ciudad amurallada en el Caribe que todavía funciona como ciudad. Las murallas se levantaron para que no la volvieran a saquear y hoy se caminan por arriba al final de la tarde, cuando la piedra suelta el calor del día y el viento llega del mar. Dentro, las casas de balcón de madera y buganvilla son de verdad, no reconstrucción: Cartagena entró en la lista del patrimonio mundial en 1984 y el casco viejo se ha conservado entero, con sus plazas, su catedral y sus callejones de dos metros.

El contraste es lo interesante. A diez minutos del balcón de la foto está Bazurto, el mercado popular donde se abastece la ciudad, y en medio queda Getsemaní, el barrio de las casas bajas y las puertas abiertas, donde la gente saca las sillas a la calle al anochecer. La comida de aquí es caribe y africana antes que andina: coco en el arroz, ñame en la sopa, pescado frito con patacón, y una posta negra que se cocina con panela hasta que queda casi dulce.

Hace calor todo el año y no hay temporada fresca: son treinta y tantos grados con humedad alta en enero igual que en julio, y a mediodía el centro histórico no se camina. La playa de la ciudad es gris, con oleaje y con una presión de vendedores que está documentada hasta en los juzgados, así que el agua turquesa está a una hora de lancha y se paga aparte. Dentro de la muralla los precios son de destino internacional y la insistencia de la calle es constante: pulseras, masajes, sombreros, cocaína. Si viajas para no negociar nada, esto te va a desgastar. Y si buscas una playa tranquila a pie de hotel, Barú o Tierra Bomba sí, la ciudad no.

Idioma
Español
Moneda
Pesos colombianos (COP)

Cuándo ir

De diciembre a abril

Es la temporada seca. Casi no llueve, el cielo se mantiene limpio y de enero a marzo entran los vientos alisios del noreste, que es lo único que de verdad baja la sensación de calor en esta ciudad. Es también la temporada de los dos festivales que valen el viaje por sí solos, el de música en enero y el Hay Festival a final de ese mes.

Mayo y junio, cuando empiezan las lluvias pero todavía caen en chubascos cortos de tarde. Hay menos gente, los hoteles bajan y la ciudad se queda para quien vive en ella.

De mayo a noviembre, y octubre es el mes más lluvioso con bastante diferencia: la ciudad recibe unos 1.020 milímetros al año y en octubre caen en torno a 200. No llueve todo el día, llueve fuerte y corto al final de la tarde, pero el centro se inunda con facilidad y la salida a las islas se cancela cuando el mar se pone.

FiestaCuándoLo que implica
Fiestas de Independencia del 11 de NoviembreLa programación se extiende desde finales de octubre hasta mediados de noviembreLa fiesta de la ciudad, declarada patrimonio distrital, con desfiles, cabildos y el Concurso Nacional de Belleza en medio. Cartagena se vuelca a la calle y el centro se cierra por tramos. El feriado nacional cae el lunes siguiente al 11, así que ese fin de semana el alojamiento se agota.
Cartagena Festival de MúsicaDel 9 al 17 de enero de 2027Música clásica en el Centro de Convenciones y en las iglesias del casco viejo, con conciertos gratuitos en plazas. Llena la ciudad de público colombiano y de visitantes, y los hoteles del centro suben.
Hay Festival CartagenaDel 28 al 31 de enero de 2027Cuatro días de encuentros con escritores en el Teatro Adolfo Mejía y en el Centro de Convenciones. Las entradas salen en noviembre y las taquillas físicas abren el 25 de enero. Es la semana con menos cama libre de todo el primer trimestre.
Navidad, Año Nuevo y Semana SantaDel 20 de diciembre al 6 de enero, y marzo o abril según el añoLas tres ventanas de precio máximo. En Año Nuevo el centro histórico se llena de turismo nacional y los restaurantes montan menús fijos de precio alto; en Semana Santa la ciudad se vacía hacia las playas y las lanchas a las islas salen a tope.

Los vientos de enero a marzo son una bendición en la ciudad y un problema en el agua: cuando aprietan, sobre todo en febrero, las salidas a las islas del Rosario se cancelan o se vuelven un viaje incómodo de hora y pico dando botes. Si las islas son la razón del viaje, deja dos días posibles en el itinerario en vez de uno, y pregunta por la mañana antes de pagar.

Cómo llegar

Vuelos a Cartagena.

Buscar vuelos y precios

Desde

Madrid

MAD

Duración

10h 00m

Desde

Ciudad de México

MEX

Duración

3h 50m

Desde

Nueva York

JFK

Duración

5h 10m

Desde

Miami

MIA

Duración

2h 50m

Rutas habituales. Las tarifas cambian a diario, así que no las fijamos aquí: búscalas para tus fechas.

Dónde quedarte

Dónde dormir en Cartagena.

Ver todas las estancias
Consultando disponibilidad real en Cartagena…

Y en qué barrio.

Antes de elegir hotel, elige zona. En Cartagena cambia bastante el viaje.

El centro histórico: San Diego y San Pedro

Dentro de la muralla. Casas coloniales convertidas en hoteles pequeños, plazas con árboles grandes y calles de dos metros donde el sol no entra hasta mediodía. San Diego es la mitad más tranquila y vivida; San Pedro, la de la catedral y los restaurantes.

Para quien venga pocos días y quiera salir del hotel y ya estar donde quería estar.

Ten en cuenta: Es la zona más cara de Colombia para dormir y la de más presión de venta en la calle. Y las casas antiguas suenan: la fiesta en una plaza se oye en tres manzanas.

Getsemaní

Pegado a la muralla por fuera, el barrio de las casas bajas de color y los murales. La Plaza de la Trinidad se llena al anochecer de gente sentada en el atrio con cerveza y comida de puesto, y en la Calle del Arsenal está la noche de la ciudad.

Para quien quiera estar donde se junta la gente, a cinco minutos andando del centro y por bastante menos dinero.

Ten en cuenta: Es ruidoso hasta tarde, en especial de jueves a domingo. Y está cambiando rápido: cada temporada hay una casa más convertida en hotel y una familia menos en la cuadra.

Bocagrande

La península de los edificios altos, con la playa urbana delante y la avenida comercial detrás. Es el Cartagena de los años setenta y el que usa la clase media colombiana de vacaciones.

Para quien quiera habitación grande con vista al mar, supermercado abajo y precio más bajo que en el centro.

Ten en cuenta: La playa es de arena gris, con oleaje, y es donde está documentado el acoso comercial de masajistas y vendedores. Al centro histórico son diez minutos en taxi o media hora andando por el malecón.

Manga

Una isla residencial entre el centro y la bahía, con casas republicanas de principios del siglo XX, árboles en las calles y el club de pesca. Aquí no hay turismo, hay vecinos.

Para estancias largas, o para quien repita y quiera dormir donde se duerme bien.

Ten en cuenta: Casi no hay restaurantes ni vida nocturna: se cena fuera, y eso significa un taxi cada noche.

La Boquilla y la zona norte

Al norte del aeropuerto, el pueblo de pescadores afrocaribeño y la fila de hoteles grandes que ha crecido a su lado, con la ciénaga de manglar detrás.

Para quien quiera playa larga y resort con todo dentro, y entre al centro un par de tardes.

Ten en cuenta: Estás a veinte o treinta minutos del casco viejo, con tráfico de por medio. La playa es mejor que la de Bocagrande, pero el mar sigue siendo de oleaje y agua turbia.

Dónde comer

Dónde comer en Cartagena, y qué pedir exactamente en cada sitio.

Precios de referencia por persona, en Pesos colombianos (COP).

Los fritos de la mañana

El desayuno de la costa es frito y se come de pie. En casi cualquier calle del centro hay una mesa con caldero, y la de la plaza de San Diego es la que más gente de la ciudad tiene delante.

Las mesas de fritos de la plaza de San Diego

Plaza de San Diego, centro histórico

Puestos de fritura que se montan con una mesa, un caldero y una vitrina. No tienen nombre, ni carta, ni horario: tienen hora.

Qué pedir

Arepa de huevo recién sacada, una carimañola de carne, que es yuca rellena, y un pastelito. Con suero costeño por encima si lo ofrecen.

La verdad: Efectivo y en billetes pequeños. La hora manda más que el sitio: se fríe a primera hora de la mañana y otra vez al caer la tarde, y lo que queda a media mañana está frío y lleva rato en la vitrina. Si la vitrina está llena y no hay cola, pasa de largo.

La comida del mediodía

Los dos están dentro de la muralla y a cuatro manzanas uno del otro, pero son dos ciudades distintas: uno es la cocina de la casa y el otro, el sitio con más cola del centro.

La Mulata

Calle del Quero 9-58, barrio San Diego

Comedor de cocina cartagenera de todos los días, con menú corto, mesas pegadas y ventilador. Al mediodía se llena de gente que trabaja en el centro, que es la mejor señal que puede tener un sitio aquí.

Qué pedir

La posta negra con arroz con coco y aguacate. Es carne cocinada largo con panela y especias hasta quedar oscura y casi dulce, y es el plato de la ciudad.

Teléfono: +57 301 493 3871

La verdad: Las fuentes no coinciden en el día de cierre: unas dicen lunes, otras domingo por la tarde. Llama antes en vez de plantarte, sobre todo si vas el fin de semana. No publicamos horario por lo mismo.

La Cevichería

Calle Stuart 7-14, barrio San Diego$$$ · 59.000 a 99.000 pesos el ceviche; 250.000 el volcán de mariscos

Una barra de ceviche que se desbordó a la calle y lleva años siendo el sitio al que todo el mundo quiere entrar. Mesas en la acera, mantel de papel y marisco de la bahía.

Qué pedir

El ceviche colombiano, que lleva salsa rosada y es el de aquí, o las muelitas de cangrejo al ajillo. El volcán de mariscos es para compartir y tarda cuarenta minutos, así que se pide al sentarse.

Horario: Todos los días, de 12:00 a 23:00

Teléfono: +57 314 894 9877Web oficial

La verdad: Los precios son los de su propia carta y son precios de destino turístico: la parrillada de mariscos con langosta está en 320.000 pesos. Vale lo que cuesta en pescado y acidez, no en comodidad. A la hora punta hay cola y no se puede reservar mesa en la puerta: entra temprano, antes de la una, o ya entrada la noche.

Dos cenas que hay que reservar

Las dos piden plan: una porque no cabe nadie más y la otra porque entra quien el INPEC autoriza. Ninguna se improvisa el mismo día.

Celele

Carrera 10c 29-200, calle del Espíritu Santo, Getsemaní

La cocina de Jaime David Rodríguez Camacho y su Proyecto Caribe: años de investigación del ingrediente de la costa, de los pescados de río a los maíces y las frutas de monte, servidos como menú de autor.

Qué pedir

El menú degustación. A la carta se puede, pero lo que la casa lleva años buscando se entiende en el menú y no en un plato suelto.

Web oficial

La verdad: No publica horario ni precio en su web: la reserva se hace por su sistema en línea y el precio se ve ahí. Es lo más caro de esta guía y lo único por lo que merece la pena reservar desde antes de salir de casa.

Interno

Cárcel de Mujeres de San Diego, centro histórico

Un restaurante dentro de la cárcel de mujeres, cocinado y atendido por internas, cuyos ingresos se destinan a sus programas de formación y reinserción. Fue el primero de su clase en América Latina.

Qué pedir

De su carta publicada: las carimañolas de posta para empezar y después la posta cartagenera con arroz titoté, el arroz que se hace con el caramelo del coco quemado, o el encocado de camarón.

La verdad: No se entra sin reserva previa y con antelación de semanas, porque el INPEC revisa antecedentes de cada comensal: hay que dar los datos al reservar y llegar con el mismo documento. Es una cárcel, así que las normas de acceso las pone la institución y no el restaurante. Los precios que circulan por internet son de hace años; el que vale es el que te den al confirmar.

Tres cosas más que no son restaurante. El mercado de Bazurto es donde come la ciudad y donde está la cocina sin filtro, pero es un mercado de trabajo, enorme y sin señalización: se va temprano, con poco encima y mejor acompañado de alguien que lo conozca. La limonada de coco se pide en cualquier sitio y es lo único que de verdad funciona contra el calor de las tres de la tarde. Y a las palenqueras de la fruta, las mujeres de vestido de colores con la ponchera en la cabeza, la foto se les paga: son vendedoras trabajando, no decoración, y el precio se acuerda antes de levantar el teléfono.

Qué hacer

6 planes, de medio día a día completo.

Las murallas, al final de la tarde

Las murallas, al final de la tarde

El paseo que ordena la ciudad. Se sube por cualquiera de los baluartes y se camina por encima de la piedra con la bahía a un lado y los tejados al otro; el tramo que va del baluarte de Santo Domingo hacia la punta es el que se llena a la hora del sol. No cuesta nada y no hace falta guía: lo que hace falta es ir a partir de las cinco, porque antes el calor sobre la piedra es inaguantable. Lleva agua.

Una hora o dosEn la ciudad
Getsemaní a pie, al anochecer

Getsemaní a pie, al anochecer

El barrio se entiende caminándolo cuando baja el sol: la Plaza de la Trinidad con la gente sentada en el atrio, los murales de la Calle de la Sierpe y el Callejón Angosto, las puertas abiertas y la televisión puesta hacia la calle. Es el único trozo de la zona turística donde todavía vive gente que no trabaja para el turismo, y conviene saber que eso se está acabando: cada año hay una casa más convertida en hotel.

Una tardeEn la ciudad

El castillo de San Felipe de Barajas

La fortaleza grande, en el cerro frente al centro, con los túneles de ventilación que se pueden recorrer por dentro. Es la obra de ingeniería militar que explica por qué la ciudad aguantó los sitios que aguantó. Ve a la apertura o a última hora: no hay sombra y el cerro multiplica el calor. No publicamos tarifa porque la del año en curso no la encontramos publicada en una fuente oficial.

Media mañanaRequiere transporte

Las islas: Rosario, Barú o Tierra Bomba

El agua clara no está en la ciudad, está a una hora de lancha. Las islas del Rosario son un parque nacional y el archipiélago se recorre en pasadía; Playa Blanca, en Barú, se puede hacer también por carretera; y Tierra Bomba está a veinte minutos en lancha desde Bocagrande y se puede ir y volver en una mañana. El cobro va por capas y es la confusión más común del viaje: la lancha o el tour es una cosa, la tasa de uso de muelle es otra y la entrada al Parque Nacional Corales del Rosario y San Bernardo es una tercera, 13.500 pesos por persona en 2026 para el área protegida y 11.000 en el sector de San Bernardo. Pregunta por escrito qué incluye el precio y lleva efectivo en pesos para el muelle.

Verifica antes de salir: De enero a marzo el viento puede cancelar la salida o convertirla en una hora de botes. Pregunta por la mañana antes de pagar, y si las islas son la razón del viaje, deja dos días posibles.

Un díaRequiere transporte

El mercado de Bazurto

El mercado popular donde se abastece Cartagena, a diez minutos del centro histórico: pescado, fruta, carne, cocinas de puesto y el ruido de una ciudad entera comprando. No es un plan turístico y no está preparado para serlo, y justamente por eso es lo más parecido a entender la ciudad que se puede hacer en una mañana. Se va temprano, con lo mínimo encima y con alguien que lo conozca, y se come donde haya cola de gente del mercado.

Media mañanaRequiere transporte

Los manglares de La Boquilla

Al norte de la ciudad, detrás del pueblo de pescadores, hay una ciénaga con túneles de manglar que se recorren en canoa de remo. Lo llevan las asociaciones de pescadores del propio pueblo y se hace a primera hora o al atardecer, que es cuando están los pájaros y cuando el sol permite estar en el agua. Es lo contrario del pasadía a las islas: silencio, remo y una hora larga.

Media mañanaRequiere transporte

Cómo moverte

Del aeropuerto al centro, diez minutos

El aeropuerto Rafael Núñez está dentro de la ciudad, en el barrio de Crespo, y al centro histórico son unos diez minutos sin tráfico. En las terminales hay puntos de taxi autorizado donde te dan un tiquete con el destino y el precio antes de subir: es la forma más limpia de llegar. Las referencias de 2026 rondan los 18.500 pesos al centro o Getsemaní y los 29.000 a Bocagrande, con recargo nocturno y festivo, pero tómalo como orden de magnitud y quédate con lo que diga el tiquete. Uber e inDriver funcionan en la ciudad, aunque en el aeropuerto están en zona gris y muchos conductores no recogen en llegadas.

Por la ciudad

Los taxis no llevan taxímetro: la tarifa la fija el Distrito por decreto y para 2026 el Decreto 0051 puso la carrera mínima en 12.250 pesos, con recargo nocturno. Se acuerda el precio antes de subir, siempre, o se usa una aplicación y se evita la conversación. Transcaribe, el bus troncal, cuesta 3.900 pesos desde el 23 de enero de 2026 y sirve para el eje de la avenida, no para el casco viejo. El centro histórico y Getsemaní se caminan enteros; Bocagrande está a diez minutos en taxi o media hora por el malecón.

A las islas

Las lanchas a las islas del Rosario y a Playa Blanca salen del muelle de La Bodeguita, frente a la Torre del Reloj, y la travesía es de una hora larga según el mar. A Tierra Bomba se cruza desde Bocagrande en veinte minutos. En todos los casos las tasas de muelle y la entrada al parque nacional se pagan aparte, en efectivo y el mismo día: cuenta con ello al calcular lo que te va a costar el día.

Lo que nadie te dice

Los coches de caballos ya no existen, y conviene saber por qué.

No. La Alcaldía los prohibió en el centro histórico con el Decreto 2296 de 2025, con efecto desde el 29 de diciembre de ese año, y los sustituyó por hasta 62 carrozas eléctricas que son propiedad del Distrito y no de los cocheros. En septiembre de 2026 la Corte Constitucional fue más allá y declaró inexequible el uso de animales para halar vehículos turísticos en todo el país, con seis meses de plazo para sustituir y reubicar. Si alguien te ofrece un paseo en coche de caballos, te está vendiendo algo que ya no es legal. El gremio de cocheros perdió su oficio en el camino y pidió una transición que dice que no tuvo: no es un asunto cerrado, es un asunto reciente.

El centro histórico tiene un decreto detrás, y se nota de noche.

Cartagena arrastra un problema documentado de explotación sexual asociada al turismo, y la respuesta de la ciudad fue el Decreto 003 de 2024, el llamado Plan Titán: restricción de circulación de menores de 16 años en el centro histórico después de las ocho de la noche, suspensión del ejercicio y la promoción de la prostitución en el espacio público de la zona, y cierre de establecimientos. Desde entonces se han clausurado locales en operativos, y la Alcaldía discute una zona regulada para adultos dentro del nuevo plan de ordenamiento. La Ley 1336 de 2009 castiga el turismo sexual con menores. Para ti esto significa dos cosas: que lo que te van a ofrecer en la calle de noche tiene un contexto que no es folclórico, y que no te decimos que no salgas, te decimos que sepas qué estás mirando y con qué estarías colaborando.

La pruebita de masaje en la playa se cobra.

Es el abuso más repetido de la ciudad y lleva años documentado en prensa: te ofrecen una prueba de masaje, unas trenzas o un coctel, lo hacen sin que medie precio y después reclaman cifras de cientos de miles de pesos, a veces con acompañamiento hasta el cajero. Hay casos de 2018, de 2023 y de 2026, y desde 2016 las masajistas están obligadas a mostrar lista de precios. La regla práctica es sencilla: nada empieza sin que te digan el precio, no se acepta ninguna prueba, y un no gracias dicho una vez mientras sigues caminando es suficiente. Si ya pasó, se denuncia: el canal digital de la Alcaldía ha funcionado en estos casos.

En las islas te cobran tres veces, y está bien que lo sepas antes.

El precio que te dan por teléfono casi nunca es el total. Van por separado la lancha o el pasadía, la tasa de uso de muelle que se paga en el embarcadero el mismo día, y la entrada al Parque Nacional Corales del Rosario y San Bernardo, que en 2026 está en 13.500 pesos por persona para el área protegida y 11.000 en el sector de San Bernardo. Las tasas de muelle que circulan oscilan bastante según el operador y el embarcadero, así que no damos una cifra única: lo que sí funciona es pedir por escrito qué incluye y llevar efectivo en pesos para lo que falte.

La propina es voluntaria y te la tienen que preguntar.

No. La Ley 1935 de 2018 dice que la propina sugerida no puede pasar del 10% del valor del servicio sin impuestos y que solo se incluye en la cuenta con tu aceptación: quien te atiende tiene que preguntarte si la quieres incluida y por cuánto. Incluirla sin preguntar es sancionable por la Superintendencia de Industria y Comercio. Aparte va el impuesto al consumo, el 8% que cobran los restaurantes en vez de IVA. Si te traen la cuenta con el 10% ya puesto y nadie te preguntó, puedes pedir que lo quiten.

El agua del grifo, según a quién preguntes.

La empresa de acueducto, Acuacar, sostiene que sí: dice cumplir la norma sanitaria colombiana, publica sus certificados y su índice de riesgo está en la categoría sin riesgo, la mejor de la escala. Las guías para viajeros sostienen lo contrario y apuntan al origen del agua, el Canal del Dique. Es un caso en el que la fuente oficial es la propia empresa y el contrapunto no es técnico, así que no vamos a decidirlo aquí: si tienes el estómago sensible o vienes de un viaje largo, agua embotellada y sin hielo los primeros días, y así el asunto deja de importar.

El calor no baja por la noche ni en enero.

No hay temporada fresca. Son treinta y tantos grados con humedad alta todo el año, y de noche baja poco: el alivio llega con el viento del noreste de enero a marzo, no con el mes. Eso cambia el itinerario más de lo que la gente espera: de doce a cuatro de la tarde el centro histórico no se camina, y los planes se parten en mañana temprano y tarde desde las cinco. Lino y algodón, sombrero, una camisa de manga larga fina para el sol, y zapato cómodo para calle de piedra. En el centro no hace falta nada de abrigo; en los restaurantes con aire acondicionado, a veces sí.

Si sólo tienes tres días

El plan mínimo que funciona.

1

Desayuna fritos en la plaza de San Diego a primera hora, cuando salen del caldero, y camina el centro histórico antes de que el sol pegue: la catedral, las plazas, la calle del Candilejo. A mediodía, posta negra en La Mulata, llamando antes para no encontrar cerrado. Duerme la tarde o métete en un museo, porque entre doce y cuatro la calle no se aguanta, y vuelve a salir a las cinco para subir a las murallas y verlas desde arriba con el viento de la bahía. Cena en Getsemaní y quédate un rato en el atrio de la Trinidad.

2

El día de las islas, y pregunta por la mañana antes de pagar: de enero a marzo el viento manda. Sal de La Bodeguita con efectivo en pesos para la tasa de muelle y la entrada al parque nacional, 13.500 pesos por persona en 2026, y ten claro por escrito qué incluye el precio. Si el mar no está, cambia el plan por Tierra Bomba, que son veinte minutos desde Bocagrande, o por los manglares de La Boquilla en canoa. De vuelta, ceviche en La Cevichería entrando temprano, antes de que se forme la cola.

3

Bazurto por la mañana, temprano y con alguien que lo conozca: es el mercado que abastece la ciudad y la cocina de verdad está ahí. Después, el castillo de San Felipe a la hora de apertura, con los túneles por dentro, mientras todavía se puede estar al sol. Reserva la cena desde antes del viaje: Celele en Getsemaní si quieres ver hasta dónde llega la cocina de esta costa, o Interno si pudiste apuntarte con semanas de antelación.