La playa de tu hotel no es de tu hotel.
Sí, todas. El artículo 15 de la Constitución dominicana pone las playas y las costas en el dominio público y las declara de libre acceso, la Ley 305-68 fija una franja de sesenta metros desde la pleamar y el Tribunal Constitucional lo ratificó en la sentencia TC/0751/23, que trata el acceso a la playa como derecho fundamental. En la práctica verás vallas, vigilantes y tramos que parecen privados. La arena no lo es: puedes caminar la costa entera. Lo que sí es del hotel es la tumbona, la toalla y el bar.
La cuenta llega con un 28% encima.
La propina del 10% es legal y obligatoria cuando consumes dentro del local: la fija el artículo 228 del Código de Trabajo, la Ley 16-92. Encima va el ITBIS, el impuesto al consumo, que es del 18%. Entre las dos cosas, la cuenta final queda casi un 28% por encima de los precios de la carta, y es así en todas partes, no es que te estén cobrando de más. La propina voluntaria extra es eso, voluntaria: si el servicio fue bueno se deja algo en efectivo, y si no, ya pagaste el 10%.
El sargazo decide más que el hotel.
El pico va de mayo a septiembre, con junio, julio y agosto como los peores meses, y en octubre de 2026 los reportes satelitales todavía daban niveles altos en el tramo de Bávaro. No llega igual a toda la costa: el arrecife de Cap Cana atrapa parte de lo que viene y Juanillo suele aguantar mejor, mientras que las playas públicas sin resort detrás, Macao y El Cortecito entre ellas, no tienen a nadie limpiándolas por la mañana. Si viajas en esos meses, mira el mapa diario del tramo concreto y pregunta al hotel si limpia la arena a primera hora. Bayahíbe, al oeste, es la alternativa que suele estar limpia.
Uber funciona, pero no para salir del aeropuerto.
En la zona sí, y suele salir bastante más barato que el taxi turístico. En el aeropuerto es otra historia: la propia web del aeropuerto lista las zonas de recogida de Uber como pendientes de definir, y los conductores evitan recoger en llegadas por el acuerdo con las asociaciones de taxi. Lo práctico es llegar con taxi autorizado o traslado contratado, y usar la aplicación desde el hotel para todo lo demás, incluido el viaje de vuelta.
En Macao el mar no es el de la foto.
Puede serlo. Macao está abierta al oleaje, tiene corrientes de resaca y ha habido ahogamientos; es la única playa del municipio con salvavidas y el equipo es pequeño. El agua quieta de los folletos es la de dentro del arrecife, en Bávaro y Cap Cana, no la de aquí. Mira las banderas, no te metas solo y quédate en el extremo este si no nadas bien. Si te arrastra, lo que recomiendan los propios salvavidas es no pelear con la corriente y dejarse llevar hasta que amaine.
El dólar manda, pero el país funciona en pesos.
Las dos cosas. Los hoteles, las excursiones y los taxis turísticos cotizan en dólares y los aceptan, pero el cambio que te dan es malo y casi siempre vuelve en pesos. El colmado, la guagua, el motoconcho y los puestos de comida funcionan en pesos y en efectivo. Saca pesos en un cajero de banco, no en el del vestíbulo del hotel, y lleva billetes pequeños: romper uno de mil en un puesto de chimi no siempre es posible.
No hay pueblo, y el que hay se llama Verón.
No como lo imaginas. Punta Cana es un nombre de zona, no una ciudad: lo que hay es una carretera, los accesos a los hoteles y unos centros comerciales. La gente que trabaja en los resorts vive en Verón y en Friusa, al otro lado de la carretera, y la ciudad de la provincia es Higüey, a cuarenta minutos. Si viajas esperando un casco antiguo, el casco antiguo del país está en Santo Domingo, a dos horas y media.