Octubre en Mallorca es un secreto compartido entre mallorquines y unos pocos afortunados. El agua sigue templada, el sol cae oblicuo y dorado, las carreteras se vacían. Puedes cenar en una terraza en manga corta y desayunar con el fresco justo para agradecer un café caliente.
Empezamos por el sur, en Es Trenc, ahora sin sombrillas ni chiringuitos ruidosos. Solo la arena, un mar plano y translúcido, y el ruido del viento en los pinos.
La isla decide el ritmo. Tú solo aceptas.
Terminamos la semana en Fornalutx, uno de los pueblos más bonitos de España. Piedra dorada, calles con escalones, una plaza con dos bares y un panadero. Cenamos larguísimo bajo naranjos. No dijimos nada durante veinte minutos y no fue extraño. Fue lo mejor del viaje.




