En CDMX comer es una forma de conocer a la gente. No se come rápido. No se come solo. Se come compartiendo, con conversación larga y varias rondas de tortillas recién hechas.
Desayuno
Panadería Rosetta en la Roma Norte. Rol de guayaba, café de Chiapas, luz de mañana entrando por las ventanas altas. Es un ritual.
Comida
Un martes cualquiera en Contramar. Tostada de atún, pescado a la talla mitad rojo mitad verde. La sobremesa se estira hasta las seis. Aparecen amigos que no habías avisado. Aparece un mezcal.
En CDMX, la mesa no se levanta: se prolonga.
Cena
Tacos al pastor de pie en El Vilsito (después de las diez, cuando el taller mecánico se convierte en taquería). Coca de vidrio. Salsa verde. Silencio de placer.




